sábado, 12 de noviembre de 2005
Estatutos
"Dividiendo las unidades políticas en elementos muy pequeños, se logran grandes beneficios en términos de la legitimidad del estado, Un estado obtiene obediencia de una de tres maneras: con represión, soborno o consentimiento. La mayoría de los estados democráticos modernos usan y abusan la segunda manera (la clase política soborna a votantes para mantenerse en el poder). Tanto la represión como el soborno son costosos, pero ninguno de los dos se necesita si el gobierno logra el apoyo voluntario de los gobernados, lo cual se logra mejor a través de la democracia directa de las unidades políticas pequeñas."
Profesora Victoria Curzon-Price, de la Universidad de Ginebra y presidenta de la Sociedad Mont Pelerin
Se critica mucho la propuesta de nuevo Estatuto de Cataluña. Yo estoy convencido de que si el texto presentado hubiera sido el mismo del Estatuto actualmente en vigor, las críticas hubieran sido en los mismos términos y de la misma intensidad.
Porque si bien hay gente que al criticarlo va artículo por artículo desmenuzando lo que le parece mal, algo bastante riguroso y que hay que tomarse en serio, hay otros, la mayoría, que simplemente están en contra de forma frontal porque no soportan el principio de una mayor descentralización del Estado y una pérdida de competencias de éste en favor de las autonomias y los ayuntamientos. En suma les duele España, su manera de ver España.
Eso también es legítimo pese a toda el veneno que se segrega, pero lo que no es de recibo es proclamarse liberal y hacer crítica al Estatuto con discursos que podría suscribir Carod-Rovira si sólo se cambiara los "España" del texto por sus correspondientes "Cataluña".
Siempre me ha parecido patético que se denominen "progresistas" gente que proponen políticas que traerían de todo menos progreso, por otro lado es curioso como en España un buen montón de conservadores y reaccionarios se ponen la etiqueta de "liberales", manchando y denigrando el término.
Los mismos que se dan de golpes en el pecho porque Cataluña ahora quiere llamarse "nación".
Definitivamente las palabras no son inocentes.
Profesora Victoria Curzon-Price, de la Universidad de Ginebra y presidenta de la Sociedad Mont Pelerin
Se critica mucho la propuesta de nuevo Estatuto de Cataluña. Yo estoy convencido de que si el texto presentado hubiera sido el mismo del Estatuto actualmente en vigor, las críticas hubieran sido en los mismos términos y de la misma intensidad.
Porque si bien hay gente que al criticarlo va artículo por artículo desmenuzando lo que le parece mal, algo bastante riguroso y que hay que tomarse en serio, hay otros, la mayoría, que simplemente están en contra de forma frontal porque no soportan el principio de una mayor descentralización del Estado y una pérdida de competencias de éste en favor de las autonomias y los ayuntamientos. En suma les duele España, su manera de ver España.
Eso también es legítimo pese a toda el veneno que se segrega, pero lo que no es de recibo es proclamarse liberal y hacer crítica al Estatuto con discursos que podría suscribir Carod-Rovira si sólo se cambiara los "España" del texto por sus correspondientes "Cataluña".
Siempre me ha parecido patético que se denominen "progresistas" gente que proponen políticas que traerían de todo menos progreso, por otro lado es curioso como en España un buen montón de conservadores y reaccionarios se ponen la etiqueta de "liberales", manchando y denigrando el término.
Los mismos que se dan de golpes en el pecho porque Cataluña ahora quiere llamarse "nación".
Definitivamente las palabras no son inocentes.

