MISLATAMAN: ORANGE POWER

martes, 27 de septiembre de 2005

¿Cómo empezó el show de Kyoto?

En junio de 1988, coincidiendo con una época de sequedad y calor extraordinarios, un científico de la NASA, James Hansen, declaró ante el Congreso de los EE.UU. que las temperaturas estaban aumentando así como las emisiones humanas de ciertos gases de efecto invernadero a la atmósfera. Eso fué suficiente para que el movimiento ecologista se pusiera en marcha al grito de "Calentamiento global".
Si bien el modelo y sus conclusiones fueron criticados por la mayoría de los climatólogos, fue muy bien recibido por la prensa y por un movimiento ecologista que hasta hacía nada trataba de alarmar a la ciudadanía de los países desarrollados con la supuesta llegada del Apocalipsis de la mano de una gran glaciación.
Las previsiones catastrofistas venden bien a la hora de recoger apoyos y recaudar dinero y a la prensa les encanta reproducirlas sin cuestionarlas.

Hansen desarrollaría posteriormente un modelo informático que predecía una elevación de la temperatura media global del planeta entre 1988 y 1997 de casi medio grado centígrado.

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James Hansen


En 1990, espoleada por el modelo de Hansen y otros similares, las Naciones Unidas organizaron uno de esos circos a los que nos tiene tan acostumbrados ,y al que en esta ocasión llamarían Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC),para tratar de hacer creer al mundo que el medio político soluciona los grandes problemas del planeta como, supuestamente, sería el caso de un clima con temperaturas crecientes por culpa de la actividad humana.

Por desgracia para el movimiento, 1997 tenía que llegar algún día y los datos reales sobre la variación de las temperaturas se conocerían. En efecto, resultó que el calentamiento de aquellos 10 años se había quedado reducido a 0,11 grados centígrados según las estaciones meteorológicas situadas en tierra, casi cinco veces menos de lo esperado por los alarmistas. Ahora bien, si se tomaban los datos más precisos de los que se disponía, las mediciones mediante satélites, el calentamiento no sólo no había existido sino que las capas bajas de la atmósfera habrían experimentado un enfriamiento de 0,24 grados centígrados.[Link]

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A pesar de que el IPCC había hecho el ridículo más espantoso al dar por buenos los modelos faltos de respaldo científico que la realidad se encargaría de poner en evidencia, el plan para rescatar al mundo del gran peligro fraguado, según el movimiento radical ecologista, por el egoísmo capitalista depredador del planeta, no se iba a detener. Así, el IPCC de 1995 reconoció la veracidad de las críticas científicas a la teoría del calentamiento global, pero sugirió que podía ser que los efectos nos resultasen invisibles debido a la interacción de otras emisiones humanas -concretamente los sulfatos- que estarían ocultando la peligrosa realidad subyacente. Vamos, que aunque no se hubiese podido verificar su existencia, el calentamiento antropógeno del planeta estaría teniendo lugar de manera imperceptible.

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¿Y qué otra cosa podíamos esperar de unos señores que cobran enormes sueldos y majestuosas dietas por reunirse y planificar la salvación de todos los seres vivos del planeta?

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