MISLATAMAN: ORANGE POWER

martes, 09 de agosto de 2005

El País

Este domingo me hice con un ejemplar de El País.
Viejo de una semana pero mira,lo devoré con ganas mientras desayunaba,y es que la vuelta casa de la troupe ICEX ya se huele y así recupero viejos hábitos.
Había un artículo muy interesante de una serie que escribe John Carlin sobre los latinos(?) en Estados Unidos.
Algunas de las cosas que decían los mejicanos entrevistados eran muy interesantes:

*"En Alabama, Ciro no sólo la buscó, sino que la hizo. "Cuando llegué yo andaba como un animalito, no más a señas. Pero me dieron trabajo en la construcción. Y me ha ido bien", dice. "Gano seis veces más que en México, y cada dos semanas envío 300 o 400 dólares a casa. Mis hijos no tienen ninguna necesidad". A él le sobra, como revela en un discreto arrebato de orgullo: "Me compré mi tráiler. Aquí tengo dos trocas, y allá, una".

*Pero no se queja. Ni él, ni nadie. "No nos invitaron", dice Martín, encogiendo los hombros. "Hay que estar agradecido con este país y respetuoso con su gente". Todos asienten, hasta (con el más leve movimiento de la cabeza)

*Nadie había experimentado, ni siquiera había oído hablar, de un incidente racial contra un mexicano.

*Ni siquiera existen resentimientos de parte de los hispanos de Ashland hacia la policía. Los paran de vez en cuando, pero, como reconoce Martín, "es su trabajo, pues".

A diferencia del policía mexicano, agrega Ciro, cuyo trabajo muchas veces consiste más en "atracar que en defender a la gente". Lo cual ayuda a explicar, más allá de los factores puramente materiales, por qué el 90% de los mexicanos que emigran a Estados Unidos se quedan.

*Con esto, despierta Alejandro. Un hombre bajito, evidentemente inferior a Ciro en la jerarquía campesina tamazunchelense; se pone de pie. "Yo quiero decir", declara, solemne, "que aquí me quedo. Yo aprecio mucho al pueblo americano. Me han dado oportunidades que en México, con mis 50 años, nunca tuve.

*"Este país, lo repito, me ha tratado a las mil maravillas. No me quejo. Cuando estaba en México, si no te atropellaba el ratero te atropellaba el policía. No volvemos a nuestro país en parte porque tenemos miedo, miedo a nuestra policía, que nos ve llegar y nos roba nada más cruzar la frontera. Aquí vas a correos y la gente viene y te ayuda, ahí mero, a rellenar el formulario. Hay más gente buena aquí".

*Les pregunto si piensan quedarse o regresar. Uno contesta por los dos: "Aquí nos quedamos. Ya no nos movemos más. ¡Ya estuvo!". Y no piensan volver porque han descubierto, en la mera Alabama profunda, una dignidad que en su país pocas veces tuvieron más allá de la ficción de Juan Rulfo. Porque, aunque no tengan papeles, en Estados Unidos tienen más libertad, más capacidad de definir su propio destino, sin estar a la merced de los caprichos de los poderosos de la misma manera que lo están en México.

*Entre los dos ganan más de 2.000 dólares al mes. "Aquí el pobre vive como el rico en México, pero lo curioso, ¿sabe?, es que no es sólo el dinero lo que vamos a extrañar", dice Maricela. "La tranquilidad también, y el espacio. Lo limpio que está todo. El futuro de nuestros hijos, que son ya bilingües...


Pero ya se sabe,¿que se puede esperar de unos inmigrantes incultos que no se han dado cuenta de lo malos que son los gringos?
Y irá el Subcomandante Marcos a sacarlos de su inopia un dia de estos.

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